Aunque nació en Nueva York prefirió regresar a la tierra de sus padres a perseguir su gran sueño artístico.
El hambre de Mark B por la música viene desde que su padre, un músico de merengue, le influyó. Ese sueño no se detuvo ni cuando a los 18 años tuvo que emplearse como lavador de aros en un carwash ni en aquellos largos meses en que fue asistente luminotécnico del fotógrafo Jochy Fersobe.
Él no es el típico muchacho de barrio que rompiendo brazos se convierte en urbano y de la noche a la mañana sale de la pobreza.
Sus raíces están en una familia trabajadora, en la que su padre, Marcos Burdier, fue músico de merengue, y su madre también maneja salones de belleza, lo que le da otra procedencia social distinta a muchos de sus colegas.
La música me ha estabilizado. Gracias a Dios mantengo a mi madre, y a mi hija, que vive en Miami






